Feminismos en movimiento: experiencias, diálogos y proyecto

Durante el 2018, realizamos nuestro Taller Anual de Escucha y Análisis de Movimientos Sociales. Esta vez, nuestras invitadas fueron organizaciones de mujeres y feministas. Nos propusimos escuchar y dialogar con una diversidad de grupos y asociaciones de mujeres que nos permitieran hacernos una idea de la amplitud y las novedades del movimiento. No imaginábamos aún el “mayo feminista de 2018”, esa enorme y vigorosa movilización de las estudiantes universitarias que conmovió a la sociedad y trascendió nuestras fronteras, con las “tomas” de universidades, las marchas callejeras y las demandas por poner fin al abuso y al acoso sexual en los centros de estudio, así como avanzar hacia una “educación no sexista”.

Ciertamente, el clima social y político creado por las jóvenes universitarias y también secundarias animó nuestras conversaciones y debates. Habíamos ingresado a lo que pronto se denominó la “tercera ola feminista”, si se tiene en cuenta el movimiento sufragista de los años cuarenta y las luchas y articulaciones feministas que se opusieron a la dictadura en los años ochenta, demandando “democracia en el país y en la casa”.

Desde un punto de vista histórico, es evidente que el movimiento de mujeres y el feminismo se nos revela como un movimiento no solo de gran trascendencia e impacto social, sino que jalonado por coyunturas altamente movilizadoras, que interpelan e interrogan a la sociedad sobre las opresivas y abusivas relaciones de género que consagra y naturaliza el patriarcado. En ese último sentido, es evidente también que el feminismo representa una propuesta de cambios que compromete desde la vida cotidiana hasta las relaciones económicas, sociales y políticas, y habría que agregar, enfatizando en ello, que compromete especialmente un cambio cultural. Se trata, ni más ni menos de “deconstruir” (es decir, someter a análisis crítico, desmontar) nuestras relaciones cotidianas entre hombres y mujeres, así como las relaciones de poder en las cuales somos constituidos/as y que inevitablemente el patriarcado ha naturalizado configurándolas como “sentidos comunes”.

Los logros del movimiento durante el 2018 son enormes, ciertamente, en términos de conquistas de derechos y mayor conciencia social sobre las desigualdades y asimetrías de poder que genera el patriarcado en los diversos ámbitos de la vida cotidiana, tanto en la esfera privada como pública.

Los desafíos también son enormes. Para las participantes del taller, un aspecto prioritario es asumir la necesidad de llegar al sector mayoritario de mujeres que no se siente ni declara feminista. Ello implica “salir” del ámbito exclusivamente universitario y hacer un trabajo territorial de “acercar” el feminismo a las mujeres, particularmente las de sectores populares, en una dinámica de deconstrucción (del patriarcado) y construcción permanente de nuevas formas EDITORIAL 7 www.ongeco.cl de relación social entre géneros, que incorpore diversas estrategias pedagógicas y comunicativas. En este trabajo, la historia juega también un rol fundamental. Se requiere avanzar en la construcción de la historia social del movimiento feminista, rescatando y visibilizando la trayectoria de lucha de este movimiento y los logros alcanzados, de manera de potenciar procesos identitarios y de reconocerse en la propia historia. La articulación del movimiento es otro de los grandes desafíos reconocidos por las participantes del taller, y ello no sólo respecto de las distintas vertientes o desde la diversidad del propio feminismo, sino también con relación a otros movimientos sociales. Se reconoce en los “derechos humanos” un paraguas posible de articular la multiplicidad de luchas que hoy existen en la sociedad chilena (mapuche, contra el extractivismo, etc.).

En términos simbólicos, uno de los grandes desafíos dice relación con disputar los sentidos comunes impuestos desde los sectores dominantes y el patriarcado, fomentando redes de defensa, de solidaridad entre mujeres y de movilización para resistir y desnaturalizar la violencia y los discursos conservadores. Acompañar la resistencia, fomentar la autogestión y el diálogo entre saberes, crear instancias de formación permanente, organizarse autónomamente y comprender que la acción política va más allá de la movilización callejera, también constituyen desafíos que el movimiento feminista debe enfrentar a mediano plazo. El desafío mayor es pensar y trabajar en la construcción colectiva de un proyecto político campesino y popular que no termine en meras reivindicaciones o demandas al Estado, ya que éste es el principal reproductor de la violencia patriarcal; hay que crear confianzas, revisarse y avanzar, llenando de sentidos el feminismo y sus contribuciones a los nuevos horizontes emancipatorios de América Latina.

María Angélica Rodríguez y Mario Garcés

Santiago, marzo 2019

Publicado en Revista Cal y Canto Nº 5

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